Conceptos

A continuación se describen de manera sencilla y accesible las principales cuestiones a tener en cuenta para familiarizarse con las especificidades de la diversidad sexual, familiar y de identidad de género así como con las características, causas y consecuencias del acoso escolar por homofobia y transfobia.

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Definiciones

Para acercarnos la realidad de las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI) es oportuno conocer algunas definiciones o conceptos básicos relacionados con la sexualidad, los deseos y las identidades, así como las discriminaciones que afectan a quienes se salen de las normas en estas áreas. Un mismo concepto pueden tener distintas y múltiples interpretaciones y definiciones según criterios técnicos, científicos, geográficos, personales, políticos y/o reivindicativos. Pretendemos aquí presentar definiciones abiertas y generales que ayuden a la comprensión y que deberán ser adaptadas por los y las docentes, estudiantes y familias a su realidad sociocultural y a las propuestas propias de los respectivos movimientos y personas LGBTI.

Estas siglas se utilizan para referirse a personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales. A veces aparecen en otro orden y se eliminan o añaden siglas para referirse a otras realidades que integran la diversidad sexual.

Cuando hablamos de LGBTI estamos hablando, pues, de diversidad sexual y de género. O lo que también se ha denominado en algunos casos como “minorías sexuales y de género”.

En este documento hemos optado por utilizar la sigla LGTBI para dar visibilidad política al colectivo intersexual. Esta sigla se utilizará en todo el documento, aun cuando los datos estadísticos recogidos en los próximos apartados no representen a este colectivo.

La forma de sentir, experimentar y expresar el deseo sexual y amoroso es muy diversa en el ser humano. Muchas personas dirigen su sexualidad hacia personas del otro sexo (heterosexualidad). También hay personas homosexuales, es decir, mujeres que se enamoran y tienen deseo sexual hacia mujeres (lesbianas) y hombres que sienten amor y deseo hacia otros hombres (gays). Otras personas sienten deseo sexual y se enamoran indistintamente de mujeres y hombres (bisexuales), lo cual no quiere decir que tengan relaciones simultáneas con personas de ambos sexos.

La orientación sexual sería pues la identidad que tomamos o nos es asignada en base al sexo de las personas con las que tenemos o deseamos tener relaciones sexuales.

Es importante señalar que las conductas y prácticas sexuales no reflejan necesariamente una orientación sexual determinada, ya que una persona puede tener en momentos concretos de su vida (de forma estable o variable) prácticas sexuales con personas de su mismo sexo y, sin embargo, sentirse heterosexual, o viceversa. Esto puede ser debido a la presión social, la discriminación, la necesidad de exploración, el contexto u otras variadas razones.

Nuestra sociedad occidental divide a las personas en hombres y mujeres y no nos da, como en determinadas culturas de nativos americanos, por ejemplo, otras opciones. En este contexto, la identidad de género es la pertenencia e identificación individual y profunda que una persona siente desde temprana edad con un sexo u otro, es decir con ser y sentirse hombre o mujer, según las divisiones binarias que permite nuestra cultura.

Cuando una persona siente una identidad de género concordante con el sexo biológico y legal asignado al nacimiento, se le denomina cisgénero. Es decir, son personas que tras ser identificadas como mujeres al nacer, al crecer se sienten como tales. Lo mismo ocurre en el caso de los hombres.

Las personas transexuales son aquellas que no se identifican con el sexo asignado en su nacimiento y generalmente llevan a cabo transformaciones corporales que les permitan sentir su cuerpo en coherencia con su identidad de género: con la toma de hormonas o a través de cirugías genitales y de otras partes de su cuerpo, por ejemplo. Son personas identificadas corporal y legalmente como hombres al nacer, pero que -también desde la más temprana infancia- pueden ir descubriendo que son y se sienten mujeres. Lo mismo ocurre en el caso de quienes son inicialmente identificados como mujeres, pero sienten que son hombres.

Las personas transgénero no se sienten identificadas con los roles de género vinculados al sexo asignado al nacer y más allá de que lleven a cabo transformaciones corporales o no, asumirán la expresión de género adoptada por ellas mismas. En algunos países, se denomina transexual a la persona que se ha sometido a cirugías y transgénero a quien no lo ha hecho. En otras localidades, sólo se habla de personas transexuales, sin hacer diferencias entre quienes pasan o no por un quirófano.

Las personas travestis llevan a cabo una transformación temporal de su expresión de género sin que se vea cuestionada su identidad de género. En algunos países de América Latina, este término es usado como sinónimo de transexual o transgénero y así es reivindicado por las personas trans. En otras zonas geográficas, este vocablo se asocia a quienes se visten con ropas diseñadas para el sexo diferente al de nacimiento, ya sea por placer o para realizar un trabajo sexual o artístico (transformistas o drag queens). En estos casos, el resto de personas trans rechazan ser llamadas así.

El término trans se utiliza para hacer referencia a toda esta diversidad: transexuales, transgénero, travestis y toda la amplia gama de posibilidades que ponen en cuestión la identidad de género asignada al nacer. En síntesis, los mejores términos y definiciones serán aquellos que la persona siente que mejor las define, caracteriza e interpreta. Ante la duda, lo mejor es escuchar y preguntar con respeto y empatía.

Además de dividir a los seres humanos en hombres y mujeres; social y culturalmente se les asignan una serie de roles de género masculinos y femeninos respectivamente. Cada persona expresa (o no) estos roles de forma diversa y, a veces, de forma contraria a lo que socialmente se espera del género asignado en el nacimiento.

Hay que tener en cuenta que los roles de género provocan diferencias que limitan el libre desarrollo de la personalidad, en tanto que son estereotipos que contribuyen a la desigualdad. Ilustran este riesgo falsas ideas como que los hombres conducen mejor que las mujeres, que las mujeres están mejor preparadas para el cuidado y lo doméstico o que los hombres no lloran.

Conviene siempre reflexionar y debatir conjuntamente sobre los roles de género y cómo nos afectan en nuestra cotidianeidad.

Cuando la expresión de género de niños, niñas, adolescentes o adultos son diferentes al sexo asignado en el nacimiento, se habla también de comportamientos variantes de género: por ejemplo, niños que juegan con muñecas, usan ropas asignadas a niñas o niñas que juegan con autos o prefieren juegos vinculados a lo masculino, como la fuerza. Los comportamientos variantes del género son sólo expresiones de las personas que no deben coartarse y no significan que una persona sea lesbiana, gay, bisexual, heterosexual o trans.

Los genitales son los que van a determinar la asignación del sexo en el nacimiento. Pero, en algunas ocasiones, la genitalidad no permite definir claramente si un bebé es niño o niña. Hablamos entonces de una persona intersexual. Existen diversos tipos de intersexualidad, ya que además de los genitales (pene/vagina) también se utilizan las gónadas (testículos, ovarios) y el sexo cromosómico (XY, XX) para ser considerados hombres o mujeres. En cada uno de estos aspectos pueden darse situaciones de intersexualidad en las que no existe una clara diferencia entre hombre y mujer o puede darse una incongruencia entre los distintos elementos (por ejemplo, una persona con vagina y sexo cromosómico XY).

Los estándares internacionales de derechos humanos y protocolos médicos de muchos países prohíben expresamente someter a cualquier cirugía a las personas intersexuales, hasta que las mismas crezcan y puedan comunicar qué sexo e identidad de género les representa.

Implica la presunción de que todas las personas son heterosexuales y no se tiene en cuenta la diversidad sexual existente en la sociedad. Otras expresiones de la sexualidad, como la bisexualidad o la homosexualidad (gays y lesbianas), no son aceptadas o, si se aceptan, se consideran peores o menos admisibles que la heterosexualidad, que se convierte en la norma.

Existen personas que no se identifican ni con las categorías de hombre-mujer, ni con las de homosexualidad, bisexualidad, heterosexualidad o transexualidad. Son personas que defienden su derecho a amar y desear a otras personas, sin importar cuál es su sexo y orientación sexual, y que rehúsan ser definidas a partir de su orientación sexual, conducta sexual, sexo o identidad de género. Este grupo se ha autodenominado en ocasiones con el término anglosajón queer u otros similares que indicen en esta línea, como la pansexualidad.

Las familias tienen una composición diversa; a las familias formadas por una madre, un padre y su/s hija/o/s, cuyo modelo es el socialmente más difundido, se suman las familias de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales que tienen hijos e hijas. Además, todas las familias pueden ser, de acuerdo a su composición, familias reconstituidas, monoparentales, familias transnacionales, adoptivas y/o multiétnicas. Todas enriquecen la amplia diversidad de familias que existen en nuestras sociedades.

Se diferencia de las agresiones esporádicas porque implica una serie de características específicas. Se trata de comportamientos y actitudes reiteradas de intimidación y/o exclusión basadas en un desequilibrio de poder en las relaciones interpersonales. Son, además, comportamientos y actitudes intencionales, sin mediar provocación, personalizados y que terminan por generar indefensión en la persona acosada que puede llevarla a modificar sus actitudes y conductas cotidianas por miedo a que las agresiones continúen. Estos comportamientos y actitudes pueden incluir adquirir formas físicas, verbales, psicológicas y/o simbólicas.

Es el acoso que sufren las personas que se saltan las normas de género y/o que sienten deseo sexual y amoroso hacia personas de su mismo sexo. Es un prejuicio construido social y culturalmente, interiorizado a través de los procesos de socialización que lleva al rechazo, temor, estigmatización y discriminación de las personas que son o parecen homosexuales (lesbianas y gays), bisexuales o trans. Aunque generalmente se habla de homofobia para referirse a la discriminación basada en la orientación sexual, esta se presenta y expresa de formas variadas y específicas. Conviene conocer y utilizar explícitamente los términos precisos para cada situación y colectivo:

Lesbofobia: las mujeres lesbianas sufren una forma de discriminación específica por su doble condición subordinada. Son mujeres y homosexuales en sociedades machistas y heterosexistas. Por ejemplo, las mujeres lesbianas pueden sufrir, a diferencia de las heterosexuales, formas de violencia como violaciones o acoso sexual escolar conocidas como de carácter “correctivo”.

Bifobia: en una sociedad binarista resulta más sencillo aceptar que a una persona le gusten las personas del sexo contrario o de su propio sexo que el hecho de que sienta atracción por alguien de cualquier sexo. Producto de este encasillamiento de las personas en dos extremos excluyentes (heterosexual u homosexual), las personas bisexuales son especialmente invisibilizadas y sufren dificultades específicas por su orientación, por ejemplo, tienen más problemas para establecer relaciones de pareja que las personas heterosexuales o los gays y las lesbianas.

Transfobia: es la discriminación específica que sufren las personas trans, ya que desafían la identidad de género asignada en el nacimiento, lo que amenaza el binarismo del sistema sexo/género. Las personas trans están expuestas a un mayor riesgo de exclusión, rechazo y violencia que las personas lesbianas, gays y bisexuales.

Se conoce también como plumofobia (en España). Se da contra aquellas personas cuya expresión de género no se condice con los roles y expectativas que le son asignadas a su sexo biológico. Así, los hombres que no son percibidos como suficientemente masculinos sufrirán el insulto homófobo, sean o no homosexuales, y las mujeres que no sigan los mandatos de la feminidad serán tachadas de lesbianas, independientemente de su orientación sexual.

¿Cómo se se caracteriza el acoso por homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia?

Puede sufrirse en todos los momentos y espacios de sociabilidad de la vida cotidiana y resulta especialmente invisibilizado, ya que -en muchas ocasiones- las víctimas que lo sufren en los hogares, centros educativos o grupos de pares dudan en compartirlo y buscar ayuda. Además, existe una normalización de esta discriminación que lleva a algunas personas a pensar que insultos como “maricón”, “tortillera”, “fleto”, “hueco”, “camiona”, “trava”, etc. no hacen daño a nadie, que son cosas de la edad o que integran una tradición cuya modificación es innecesaria.

Finalmente, el grupo de pares o el personal del centro educativo suele tener miedo de intervenir en situaciones de acoso por homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia porque corren el riesgo de sufrirla también, lo cual se conoce como “contagio del estigma”, lo que no suele suceder en otras formas de acoso escolar.

¿Cómo se se expresa el acoso por homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia?

Este tipo de acoso se expresa en creencias negativas o pensamientos sobre el carácter antinatural o negativo (nivel cognitivo) de la homosexualidad, bisexualidad o transexualidad; sentimientos de rechazo, temor, desagrado, asco, etc. (nivel afectivo) hacia las personas que son o parecen homosexuales, bisexuales o trans; comportamientos, actitudes o comentarios de rechazo, discriminación o exclusión de las personas LGBTI (nivel conductual).

Cuando la homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia integran de manera explícita o tácita las normas de las instituciones (estados, políticas públicas, centros educativos, hospitales o empresas, entre otras) o de las personas que trabajan en su funcionamiento cotidiano, hablamos de un acoso institucionalizado.

Como resultado, nos encontramos con situaciones de discriminación, exclusión, negación y trato desigualitario hacia las personas LGBTI que llegan a las agresiones verbales o físicas, incluso al asesinato, desigualdad legal, acoso laboral (mobbing), violencia escolar (bullying), campañas y discursos de odio, obstáculos para la expresión de los afectos y la identidad de género, abusos de familiares o amigos/as y negación de derechos para tener pareja, hijas e hijos o conformar familia, entre otros.

Para facilitar la lectura y la comprensión, en esta guía hemos optado por utilizar la expresión “homotransfobia” para dar cuenta de la violencia ejercida contra las personas por su orientación sexual y/o identidad de género.

¿Cuáles son las consecuencias de este acoso?

El acoso escolar por homotransfobia tiene importantes consecuencias para las personas que lo sufren: amenaza el autoestima y el desarrollo emocional, genera sufrimiento, miedo y pone en riesgo la integridad psicofísica de las víctimas. Esto lleva a que el riesgo de suicidio sea mucho mayor entre adolescentes y jóvenes que no son heterosexuales o que son trans*. Pero el acoso escolar por homofobia y transfobia implica no sólo un importante sufrimiento en la vida de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que lo padecen, sino que les afecta a lo largo del desarrollo vital posterior. Este tipo de acoso tiene graves consecuencias en el proceso educativo: bajada del rendimiento escolar y aumento del absentismo, que puede llevar en último extremo al fracaso y al abandono escolar. Finalmente, el acoso escolar erosiona la empatía y las actitudes prosociales y empáticas en el grupo de pares, afectando a toda la comunidad educativa.


CONSECUENCIAS A NIVEL PERSONAL:

  • Disminuye el autoestima y el desarrollo emocional
  • Genera sufrimiento, miedo y aislamiento
  • Amenaza la integridad psicofísica
  • Aumenta el riesgo de suicidio

 

CONSECUENCIAS EN EL PROCESO EDUCATIVO:

  • Baja el rendimiento académico
  • Aumenta el ausentismo escolar
  • Puede derivar en fracaso y abandono escolar
  • Disminuye las aspiraciones de ingreso a la educación superior

CONSECUENCIAS EN LA COMUNIDAD EDUCATIVA:

  • Genera un ambiente hostil y competitivo
  • Erosiona la empatía entre pares
  • Disminuye las actitudes prosociales
  • Vulnera el derecho a una educación de calidad y el derecho a un ambiente de aprendizaje seguro y libre de violencia.

* Saewyc (2011); Muraco y Russell (2011)